Mucha gente cree que los guantes de hospital tienen una composición o un uso un tanto diferente al que le puede dar cualquier persona fuera de una instalación sanitaria. Sin embargo, la realidad es que son exactamente iguales a los que puede utilizar cualquier persona en su propia casa. Por tanto, ¿de dónde viene la importancia de esta clase de productos?

Si alguna vez te has preguntado esto, no te vayas porque mi misión a lo largo de este artículo es que entiendas perfectamente la función que desempeñan y el por qué de su uso.

¿Qué son los guantes de hospital?

Aunque imagino que esto ya lo sabéis, los guantes no dejan de ser un producto cuya principal función es la de proteger al personal. Básicamente, podríamos decir que se trata de un producto EPP, al igual que pueden incluirse en este grupo las mascarillas e incluso las cubiertas de zapatos y cabeza.

¿Cuándo debes utilizarlos?

La cuestión es que cuando acudimos a un centro médico, no siempre vemos a los profesionales sanitarios portar estos productos. ¿Cuándo hay que utilizarlos y cuándo no?

Pues bien, para poder saber esto, lo primero que debemos tener en cuenta es que la función de los guantes no es otra que la de impedir que cualquier tipo de microbio o de sustancia peligrosa, entre en contacto con la piel del personal sanitario. Recordemos que en
muchas condiciones, hay que tratar a pacientes con un alto grado de contagio.

Por tanto, el factor que va a determinar el uso de esta clase de productos no es otro que el estado del paciente al que hay que tratar. Podemos destacar aquellas situaciones donde:

  • Se va a trabajar y/o tocar sangre.
  • En el supuesto de que el paciente esté expulsando altas cantidades de fluidos corporales.
  • En el caso de que nos encontremos en una operación y por consiguiente, se vaya a manipular algún tejido corporal.
  • Cuando se tocan las mucosas del paciente.
  • Incluso podemos llegar a utilizarlos directamente al estudiar en consulta al paciente.

¿Todos los guantes son iguales?

Obviamente el tipo de guantes que debemos utilizar dependerá en gran medida de la situación en la que nos encontremos. Además de que, en función de la persona, el tamaño de los mismos puede variar. Es importante tener esto en cuenta cuando:

En el caso de que los guantes nos queden grandes, es mucho más sencillo que su función no se desenvuelva de la manera correcta. Es decir, que los gérmenes y bacterias tengan mayor facilidad para entrar en contacto con la persona.
Por el contrario, si pecamos de unos guantes demasiado pequeños, lo más probable es que se acaben rompiendo y que, por consiguiente, volvamos a estar en contacto con el germen.

Por tanto, en cualquier consulta médica, lo primero que debemos realizar no es otra cosa que ordenar y colocar todos ellos de forma que sea fácil para el profesional alcanzarlos y escoger el que realmente necesita.

Casos concretos

De la misma manera, otro factor a tener en cuenta es el tipo de actividad que se va a realizar. Pongamos el ejemplo de una persona que acude al hospital con la necesidad de que le traten un herpes bastante preocupante.

Lo que tiene que tener en cuenta el profesional es que no puede tocar al paciente con un guante normal, sino que necesita unos que se hayan sometido a diferentes procesos estériles. De esta manera, el profesional podrá asegurarse de que no se infecte más la zona.

Por norma general, esta clase de guantes suelen categorizarse en tamaños numerados desde el 5,5 al 9.

¿Qué hacer cuando termine con ellos?

Una vez hemos terminado con ellos, también debemos seguir un guión para retirarlos de la manera correcta. Ten en cuenta que todas las sustancias que han estado en contacto con la superficie del guante siguen estando presentes y que no queremos tocarlas. Por tanto, los pasos a seguir que proponemos nosotros son:

  • Con una de las manos, procederemos a agarrar el guante contrario a la altura de nuestra muñeca.
  • Una vez lo tenemos, voltearemos el guante de tal forma que consiga darse la vuelta y que la parte contaminada se encuentre mirando hacia el interior.
  • Finalmente, con el guante que nos queda, introduciremos dos de nuestros dedos en el interior de este y procederemos a darle la vuelta como en el paso anterior.
  • Una vez terminemos, pondremos los guantes utilizados en una zona destinada específicamente a desecharlos de forma segura.

Desde Índico, somos conscientes de que se trata de un proceso un tanto pesado y que, en situaciones de mucho estrés, puede llegar a ser un tanto latoso. En cualquier caso, siempre hay que pensar que es un producto que se encarga de proteger no solo al profesional, sino que también al propio paciente. Por ello, siempre recomendamos el uso de guantes de hospital.

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